Al morir el Rey Uther Pendragon, Merlín forjó en la isla de Avalón (la isla de las hadas) una espada (Excalibur) y la clavó en una piedra que estaba al lado de una capilla de Londres.
Arturo había viajado a la ciudad con su padre y su hermano adoptivos,y era escudero de su hermano Cay. Arturo olvidó la espada de Cay en la posada, y fue a por ella, pero la posada había cerrado, y al ver la espada Excalibur en la piedra de al lado de la capilla, Arturo la cogió y se la dio a Cay. Cuando se descubrió que aquella espada era la de la piedra, la gente proclamó Rey a Arturo.
Hasta aquí la leyenda que nos muestra a Excalibur como un símbolo del poder político y con esa premisa, después de dar un corto paseo por nuestra España y comprobar las escasas dotes del gobernante de turno y las no demasiado bien valoradas del personaje que espera su
oportunidad para reemplazarle, no hemos podido evitar la tentación de hacer un poco de política ficción y pensar en un personaje brillante, con indudables dotes de liderazgo y capacidades demostradas en diferentes disciplinas para proponerle como candidato para arrancar a Excalibur de la piedra y postularse para intentar sacar a este país de la decadencia que nos desborda en todos los órdenes, tanto éticos, como morales, políticos y económicos.
Claro que ignoramos si después de las vicisitudes que le tocó padecer sin tener intención de entrar en política, le habrán quedado ganas de intentarlo, pero si así fuera, no nos cabe ninguna duda de que mucha gente le seguiría y le apoyaría.
Señor Mario Conde, usted tiene la palabra.
Comentarios
nunca se sabe...
Como política ficción puede pasar, pero para postularse como candidato, necesitaría crear un partido y disponer de ingentes apoyos económicos para aspirar a alcanzar unas cifras concluyentes en unas elecciones. Por otra parte quedaría pendiente la decisión del señor Conde y no me parece que esté muy decidido a meterse en política, aunque nunca se sabe...